3 de abril de 2012

Collar de perlas. Espinosa y otras




Collar de perlas

Como si fuera un collar de perlas al que se le hubieran desprendido sus cuentas color luna, cuatro mujeres desgranan sus historias, nos prestan su magia.


Ellas son, Rosa Michela, Griselda Rulfo, Juana Echegaray, Francisca María Córdoba, integrantes del Taller Literario de Narrativa, coordinado por Mercedes Espinosa, Peretti en Villa María.
Abrimos sus puertas y nos asomamos.
Los veintidos “perlas cuentos” que integran esta antología llamada “Collar de Perlas” nos sirven de preludio y a su vez nos lleva a introducirnos en el Taller para contar cómo se trabaja las palabras al explorar nuevas posibilidades y alternativas que se manifestaron en ese espíritu crítico y curioso compartiendo con los demás los trabajos transformados en cuentos, narraciones y también reflexiones.

Cuatro mujeres, cuatro escritoras nos cuentan. Buscaron dentro de sí mismas y nos regalaron un pedacito de su alma. Cada una tiene su estilo, pero algo en común, sus ansias de comunicarse, de dar a conocer algo tan preciado como es la originalidad dada a sus historias.

Mercedes Espinosa Peretti




COLLAR DE PERLAS (fragmento)
Rosa Michela

Ana había muerto hacía dos semanas. Olivia se enteró por una nota que los abogados, encargados del testamento, le hicieron llegar. Allí le decían que siendo familiar directo de la difunta heredaba todos sus bienes. 
Ana Enriqueta Jordán era hermana de su abuela paterna. Olivia no la conocía, la familia raramente hablaba de ella... Cuando llegó al departamento, ya estaba vacío. Olivia había contratado una empresa que evaluó y vendió todo objeto de valor. La propiedad misma estaba vendida. Sus pasos resonaban en el piso… Sólo quedaban las marcas de los cuadros en las paredes y el lugar donde habían estado los muebles. Una extraña sensación de tristeza la fue invadiendo, ¿esto es todo lo que queda de una vida? 
En la cocina había una puerta que daba a un lugar pequeño que desembocaba en el ascensor de servicio, allí habían dejado dos canastos con papeles y objetos para tirar. Le llamó la atención un cuaderno de tapas duras. Un común cuaderno escolar, con sólo abrirlo supo que era un diario. Miró la fecha y arrancaba el cuatro de diciembre de mil novecientos cincuenta y dos, al hojearlo comprobó que allí guardados había años de aconteceres. Lo puso en su bolso y se fue.




AMOR ETERNO (fragmento)
Griselda Rulfo



Una rosa se erguía solitaria. Las enredaderas desvanecidas junto a la luz solar murmuraban penumbra y abandono. 
El camino enroscado entre algarrobos, álamos amarillentos, siempre verdes, arbustos, saluda a una patrulla de hormigas en pleno ataque, a arañas y mariposas, pájaros olvidados y alguna que otra vaquita de San Antonio contemplando la eterna vigencia del tiempo que no avanza.
 Cuando la tarde se estira en su agonía, la melodía se cuela entre cortinas y persianas. 
Mylene danza. La noche enlaza su cintura; túnica plena de osadías. La sonrisa se curva en su rostro. Es feliz en el aislamiento de los salones, entre muebles polvorientos y caireles. Felicidad plena porque el amado vive en ella, ya alejados de ese mundo que la acosa con vértigos y estridencias. 
Los recuerdos se agolpan. Aquella tarde él llamó a la puerta. Después fueron una seguidilla de días, una y otra vez, trayendo un ramo de flores blancas. En un primer momento las dejó y se fue. Pero los siguientes trajeron palabras, tiempos compartidos y más flores.



CASA DE ALQUILER SANTOPOLO (fragmento)
Juana Echegaray


1

Yo aquí y ella allá en frente mío, Allí está, malicienta, opaca, con vida añeja y descolorida. La miro parado desde el centro de la plaza de mi ciudad que no hace mucho tiempo fue un pueblo, un gran pueblo, SANTOPOLO. Ahora parece una maceta, húmeda y sin los colores de entonces.
Allí está, entre medio de aquellos colosos, que parecen sostenerla colgada como un yoyó. Es la casa de Don MARCOS DE SANTOPOLO y su señora esposa Doña MARÍA ENCARNACIÓN MIRANDA de DE SANTOPOLO, mis abuelos maternos. Está ubicada sobre la calle ESPINATTI al 126, entre SAN JOSÉ Y ALQUINTA, frente a la calle principal y de cara a la Catedral. La primera casa de alquiler, una novedad para ese entonces. La construyeron, pensando más que en la necesidad económica, en la necesidad de dar que hablar a la chusma. Mi abuelo que hacía de dueño y señor del pueblo que llevaba su nombre, pero no por ser su fundador, sino por la mera casualidad de tener el mismo apellido de aquel que había muerto años atrás, sin dejar beneficiario alguno. Por desgracia tomó riendas en el asunto adjudicándose lo ajeno. Allí nací, crecí y no reproduje por vagancia.




POBRES PERO FUERTES (fragmento)
Francisca María Córdoba

Ruinas, soledad. El viento mañero para arrear nubes, lleva y trae ecos de puertas batidas en monótono vaivén. Zumbido de moscas, crujir de maderas, suspiros del viento. El arriero pasa por ese sendero, sólo a veces, le arisquea; tuerce el ala del sombrero como para no ver la tristeza agorera que se desliza a su izquierda, mientras apura el tranco del overo.
Dicen que en los atardeceres, los susurros se escapan por entre las vigas raídas del techo y vuelan para convertirse en gemidos. La sensación de aislamiento no mete miedo al hombre, pero penetra como la helada del sur, perfora la osamenta; una angustia invasora va recorriendo la espalda hasta la nuca, se fija en la garganta y comprime el pecho. 
El jinete fija su mirada en el suelo; ha entrado en la zona del antiguo Camino Real, olvidado, perdido su nombre entre los libros de Historia, polvorienta realidad hendiendo el paraje donde algunas cabras hacen crujir el suelo, arisco para el verdeo: “Es que casi nunca llueve. San Pedro se ha olviao’e nootros” dicen los viejos mirando bizquear a los animales en su intento de buscar comida entre las piedras, guardadoras de algunos brotes milagrosos.



Datos del libro:
Collar de perlas, por Rosa Michela, Griselda Rulfo, Juana Echegaray, Francisca María Córdoba y Mercedes Espinosa Peretti, 1a ed., Villa María, El mensú ediciones, 2011, 120 p.; 20x14 cm, (En la atmósfera; 5). ISBN 978-987-27570-2-1 .



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